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Pubicado el : 10-01-2026 13:06:25
Por: Miguel Jose Villar Martínez
Categorias : Noticias Marihuana
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El dióxido de carbono (CO2) es el “combustible” de la fotosíntesis. En cultivo interior, donde controlas luz, temperatura, humedad e intercambio de aire, enriquecer el CO2 puede acelerar el crecimiento y mejorar el rendimiento de muchos cultivos C3 (tomate, pimiento, lechuga, pepino, cannabis, aromáticas y ornamentales). Pero lo que impulsa también puede frenar: cuando te pasas, llegan los rendimientos decrecientes, los desajustes fisiológicos en las plantas y riesgos para las personas que trabajan en la sala.
La pregunta clave es: ¿cuál es el punto justo? Al aire libre hoy rondamos unas 420 ppm de CO2. La mayoría de los cultivos C3 responden bien entre 800 y 1200 ppm si hay mucha luz y la nutrición y el riego están equilibrados. Mantener niveles por encima de 1200–1500 ppm rara vez aporta más y, en ciertas condiciones (poca luz, humedad alta, ventilación deficiente o VPD fuera de rango), puede provocar cierre estomático excesivo, menor transpiración, desequilibrios de calcio y nitrógeno, puntas quemadas y mayor sensibilidad al calor y a fisiopatías. En el plano ocupacional, 5000 ppm suele ser el límite promedio permitido para 8 horas; 15 000–30 000 ppm se consideran exposiciones breves máximas según distintas guías; y 40 000 ppm (4% v/v) es peligro inmediato para la vida o la salud.
En interior, el CO2 no siempre se distribuye de manera homogénea: al ser más pesado que el aire tiende a estratificarse, sobre todo en salas con poca ventilación o con inyección mal diseñada, y puede escapar rápido si hay demasiada renovación de aire. Además, la frontera entre déficit, suficiencia y exceso es dinámica y cambia según la intensidad lumínica (PPFD), la etapa del cultivo, la temperatura de la hoja, el VPD, la densidad del follaje, la hermeticidad del recinto, la tasa de inyección y la mezcla del aire.
Esta guía profundiza en los riesgos y consecuencias del exceso de CO2 y te ofrece pautas prácticas para medir, calibrar, controlar y corregir, de modo que exprimas sus beneficios fisiológicos sin comprometer la seguridad ni la calidad del cultivo.
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